por bok1977 el Jue 04 Feb 2010, 10:48
El Unicaja 2009-2010 ha muerto. El parte de defunción se selló ayer pasadas las 22.30 horas de puño y letra del Prokom. Se acabó. Difícil verlo de otra manera. Parecía que la cosa no podía ir a peor, que la ausencia de la Copa del Rey supondría el suceso más negro de un año simplemente carente de emoción. Pero no. Aún hay más. El batacazo puede resultar absoluto una vez que el equipo ha rebasado de lleno la frontera de lo patético de camino hacia la temporada más triste de su historia. Fue un puro esperpento de tiros que no tocaron el aro, de lanzamientos al canto del tablero, de porcentajes propios de categorías infantiles, de minutos y minutos sin anotar, de facilidades defensivas incomprensibles... De pura y absoluta nada. Digno del más que probable adiós a Europa que aguarda en cuestión de jornadas.
Verlo vapuleado (50-70) como anoche ante un rival de lo más normalito da pena y genera una rabia que no sé sabe del todo bien hacia quién enfocar. Apunte hacia donde se apunte habrá blanco seguro. Los responsables de estos males son tantos que errar se antoja complicado. Que se lo pregunten a los poquitos aficionados que ayer se dieron cita en el Palacio. Apuntaron hacia el palco y dieron en la diana. Por allí andan los armadores de un proyecto con aroma a fracaso desde el verano: Berdi Pérez, director general de título y director deportivo de oficio; Juan Manuel Rodríguez, también director deportivo, y Francisco de Paula Molina, presidente de un consejo de administración más pendiente de otros asuntos. A poco que se han visto desprovistos de un entrenador con voz y mando más allá de la cancha (entiéndase, Maljkovic y Scariolo), ninguno de ellos ha sabido atinar en la forma de conducir la nave.
Entrenador
También apuntaron hacia el banquillo y consiguieron el mismo éxito. Diana de lleno en un técnico, Aíto García Reneses, incapaz de llevarse la mano al pecho para entonar un mea culpa necesario ni de hacer jugar a un equipo estancado en el mismo punto en el que se encontraba a comienzos del mes de octubre. Todo son justificaciones. Respuestas para la eliminación de la Copa; respuestas para todas las derrotas frente a los 'grandes'; respuestas para todos los tropiezos de casa, sin que en ninguna de ellas aparezca el menor atisbo de error por su parte. Lesiones, jugadores sin la calidad suficiente... Y todo trufado por un discurso sin atisbo de ambición, sin visos de asumir un reto a la altura de un club muy por encima de la posición que ocupa en estos momentos.
Por último encañonaron con sus pitos y gritos a los componentes de la plantilla cajista. Ellos, en suma, son los que visten de verde, los que pasean el nombre de un patrocinador en una de las situaciones más incómodas de su historia, sin haber estado tampoco a la altura de las circunstancias. Su temporada carece del más mínimo valor. Han defraudado en toda regla. Los nuevos y los veteranos. El partido de ayer es el último ejemplo de ello hasta la fecha (pueden venir más, no cabe duda), pero no el primero.
Resultó patético, sin más. Tres canastas en juego en los últimos 18 minutos de partido o, si lo prefieren, 11 puntos en total durante todo ese tiempo casi lo dice todo. Pero también habla por sí solo el hecho de que un rival con 23 pérdidas de balón sea capaz de llevarse una victoria por 20 puntos de Málaga o de Ciudad Real, con todos los respetos hacia la ciudad manchega. Hablan también los 31 puntos de valoración del equipo en su conjunto. Y los 17 aciertos de 74 intentos en los tiros de campo. Y tantas y tantas cosas que no harían más que llevar la sangre al punto de ebullición.
Habría bastado con muy poco para ganar. Porque un único buen minuto de juego, el previo al descanso, permitió albergar esperanzas al desmontar la ventaja de 15 puntos alcanzada por el Prokom (18-33, minuto 15) en la primera mitad, lo que habla también de la defensa con la que arrancó el partido. El 33-37 del intermedio, aun sujetado con pinzas, mantenía al equipo vivo frente a un contrincante de fácil acceso.
No fue así. Al equipo malagueño no parecía irle la vida en ello, no asimiló que la salvación de la temporada depende de cuanto haga en una Euroliga que ahora está tanto o más difícil complicada que la ACB. No parece que el límite de su rendimiento sea el exhibido hasta la fecha. Cuesta creerlo. Más bien parece derrotado de antemano, con un déficit crucial de confianza. Muertos, en suma. Como todo el proyecto.