Satisfacción plena en el equipo tras la victoria frente a la Real, pero impera la prudencia ante lo que se avecina No fue un viaje más. Esa es la realidad. Hacía tiempo que no se liberaba tanta tensión, que no se sucedían tantas bromas y que incluso se veía a los jugadores levantarse de sus asientos en el avión para departir con otros compañeros. El triunfo frente a la Real Sociedad ha devuelto la ilusión. Pero no solo a los aficionados. También a los propios componentes de la plantilla. Se necesitaba un triunfo así, sin apuros, para rescatar gran parte de la autoestima. Eso sí, los pies permanecen anclados al suelo. «Aún no hemos hecho nada», repetían todos los protagonistas.
El aeropuerto guipuzcoano estaba vacío a las ocho de la noche. Su temprana hora de cierre hizo que la expedición malaguista lo tomara, tal como había hecho con anterioridad en Anoeta. El numeroso grupo aguardó durante veinte o veinticinco minutos para el pertinente control de seguridad y el posterior embarque, así que la estampa fue opuesta a la mayoría de los viajes esta temporada. Independientemente de que el resultado pueda acarrear una valoración positiva - el empate en Villarreal, sin ir más lejos-, la escena habitual muestra a los jugadores salpicados en los asientos de la terminal, como máximo por parejas (Quincy-Sandro Silva, Manolo-Apoño, Mtiliga, Stadsgaard...). La situación no permite sonrisas.
El domingo el panorama varió radicalmente. Sonrisas, abrazos, saludos, fotos con diversos aficionados... En definitiva, esa sensación de grupo compacto y homogéneo que se vivía en los mejores tiempos de la etapa con Joaquín Peiró, cuando en el vestuario hasta se editaba una revista con los mejores comentarios del mes, con montajes fotográficos o determinados artículos periodísticos. En dos palabras, buen rollo. Por primera vez esta temporada el Málaga se comportó como un equipo en el campo, y posiblemente fue el reflejo de lo vivido durante la semana.
Sin embargo, ese buen ambiente en el grupo contrastaba con la prudencia. En las conversaciones informes, una frase escueta, con solo cinco palabras: «Aún no hemos hecho nada». Porque a pesar de las bromas en la misma terminal y luego durante el vuelo, y también de la satisfacción plena por el triunfo, la cautela ante lo que se avecina se ha instalado en el vestuario.
También se observa otra mentalidad. En otros desplazamientos el ánimo no estaba para pensar de inmediato en el próximo partido. El domingo, no. «Por fin tenemos la posibilidad de enganchar dos triunfos seguidos y esta vez sí que no vamos a fallar», explicaban algunos. Manuel Pellegrini, más relajado que nunca -siempre dentro de esa tranquilidad que emana-, incidía en la importancia de la confianza que va a dar este resultado y que debe arrinconar de una vez por todas la ansiedad que atenaza al grupo y que siempre recalca como el mal endémico del equipo.
«Aplicado»
Pellegrini, que cuarenta y cinco minutos antes había destacado «la grandeza del grupo», estaba visiblemente feliz por la actitud de los jugadores en el trabajo precisamente frente a un rival que se caracteriza por la intensidad. Incluso, ante sus más cercanos eligió un adjetivo que engloba más virtudes de lo que parece para calificar al equipo, «aplicado».
Sin duda, el triunfo ofrece una enorme confianza al equipo malaguista, pero también a Pellegrini, que en cuestión de cinco días ha salido claramente reforzado por los propietarios -que en ningún momento dudaron de su valía y su trabajo-, y esto ha derivado en que se disipe cualquier duda sobre el apoyo del vestuario. Como decía uno de los veteranos del grupo, «debemos remar en la misma dirección, porque ahora tenemos que demostrar que esto ha sido solo el principio de algo».
Por si quedara alguna duda, la plantilla dio ayer una muestra más de su unión en otro almuerzo, lo que se suma a la petición el pasado viernes de que viajara toda la plantilla (incluido Galatto, sin ficha con el equipo). El escenario elegido volvió a ser la finca La Tosca, en Churriana. Lógicamente, al contrario que la semana pasada, el ambiente fue muy distendido. Como ocurrió en el viaje de vuelta, se sucedieron las bromas e imperó la satisfacción. Pero siempre con la prudencia como bandera de este Málaga que sueña con la remontada.
